
Individual de Héctor Francesch que parte de una reflexión sobre la libertad del artista para construir y narrar su propia verdad. Desde la pintura, Francesch defiende un punto de vista subjetivo frente a la pretensión de objetividad: decide qué contar y cómo hacerlo.
Su imaginario mezcla lo onírico con elementos reconocibles y crea microcosmos poblados de referencias a Galicia —especialmente a A Coruña, sus espacios y costumbres—, donde objetos y personajes cotidianos se transforman en iconos generacionales. La muestra combina una técnica pictórica precisa, una paleta muy personal y una pizca de humor e ironía, explorando la tensión entre lo que conocemos y lo que imaginamos.